Aero Latam

Perú: La aviación militar de transporte frente al COVID-19

Por Lewis Mejía Prada

 

La Fuerza Aérea del Perú (FAP) acaba de recordar su 70 aniversario, el 23 de julio pasado, de forma muy especial pero acorde con su misión institucional: defender al país de una amenaza.

Este escenario de guerra contra el coronavirus o COVID-19, que ya ha cobrado la vida de casi 20 mil personas, se planteó a partir del 12 de marzo, cuando el presidente de la República, ingeniero Martín Vizcarra Cornejo, decretó el Estado de Emergencia nacional para hacer frente a la pandemia.

De inmediato, las Fuerzas Armadas -el Ejército, la Marina de Guerra y la propia FAP- se desplegaron en todo el país para hacer cumplir la orden de autoconfinamiento en casa y no circulación de personas y vehículos.

El personal, debidamente equipado, partió desde sus bases, agrupamientos y destacamentos para patrullar las calles -se determinó un toque de queda o inmovilización total- y montar puestos de control en puntos clave de las ciudades asignadas.

La FAP se movilizó en las regiones donde tiene fuerte presencia, como Piura (bases de Talara y Piura) y Lambayeque (Chiclayo), por el norte; Ica (Pisco), Arequipa (Arequipa, Vitor y La Joya) y Madre de Dios (Puerto Maldonado), por el sur oriente; en tanto por el centro está en Junín (San Ramón) y en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM).

Finalmente, está presente en la región Loreto (Iquitos), y naturalmente en Lima Metropolitana, donde está su cuartel general, incluyendo el Callao, sede del aeropuerto internacional más importante del país.

La prueba de fuego se vería llegar pocos días después, con la necesidad de llevar a cabo el transporte táctico de los materiales y equipos de protección en bioseguridad a las llamadas “zonas calientes”, es decir donde empezaron a multiplicarse los contagiados.

“Las Fuerzas Armadas están trabajando en todos los frentes. Aeronaves han realizado un gran despliegue trasladando más de 400 toneladas de material de salud, protección, pruebas, oxígeno y personal…”, informó el ministro de Defensa, general del Ejército (en retiro) Walter Martos.

Poco después, Lima vio sobrevolar a un helicóptero militar luciendo una enorme bandera roja y blanca del Perú y el mensaje motivador de “quédate en casa, protege a tu familia”, que emocionó a muchos ciudadanos.

Este bonito gesto en favor de la vida a cargo de un Bell 212 del Grupo Aéreo No. 3, diseñado para combatir, contribuyó a fortalecer el ánimo popular –estrategia psicológica-, y fue otra muestra del valor de los medios aéreos en la lucha ante el coronavirus.

 

 

Capacidades aéreas

Entre los primeros en operar estuvieron los nuevos Leonardo C-27J Spartan del Grupo Aéreo No. 8 (Callao), que partieron rumbo a las ciudades selváticas de Tarapoto y Chachapoyas, con varios lotes de guantes, mascarillas y mandiles para el personal del Ministerio de Salud (Minsa).

También el Boeing 737-200 de la FAP, que trasladó diverso material de bioseguridad para el Cusco, Juliaca, Puerto Maldonado, Ayacucho, Cajamarca, Chiclayo y Piura.

Entre tanto, un L-100-200 Hercules llevó varias toneladas de insumos médicos y otros materiales de seguridad para equipar a los centros de salud en Arequipa, Iquitos y Pucallpa.

El Grupo 8, desde su asiento en la Base Aérea Armando Revoredo Iglesias, en el Callao, se ha convertido en uno de los puestos más importantes en esta estrategia de las Fuerzas Armadas ante la pandemia.

Desde allí despegan las aeronaves antes citadas, así como los veteranos Antonov An-32B, cuyo ronroneo característico de sus poderosos motores se escucha en los distritos de Lima Norte.

Pero no solo los aviones de ala fija están participando. También los helicópteros Mil Mi-171 del Grupo Aéreo No. 3, llevando alimentos y agua ozonizada para abastecer a las patrullas que llevan a cabo el control social en la región Ica.

O para vuelos de reconocimiento y observación sobre diversas zonas, con el presidente de la República, autoridades del Mindef y de otros sectores del Estado que lideran la estrategia.

Los Mi-171 comparten su trabajo con los Mi-17, con los MBB Bo-105LS y el solitario Bell B-412EP, de menores capacidades de transporte de carga, pero fundamentales para vuelos rápidos de evacuación.

 

Aporte civil en tecnología UAV

El Comando de Operaciones (COMOP) de la FAP también movilizó a sus aeronaves remotamente pilotadas, conocidas como “drones”, empleándolas en misiones de monitoreo y control.

Los aparatos operaron en los modos diurno, nocturno, térmico y visual, tomando datos desde el aire sobre la presencia y circulación de personas en los distritos de Miraflores, Surco, San Borja y Surquillo (Lima Metropolitana), principalmente.

Tales medios aéreos recopilaron información en video y fotografías, que se remitieron en tiempo real para la toma de decisiones por parte de las entidades del Estado que lideran la guerra frente al COVID-19.

Asimismo, y en coordinación con el llamado Escua-DRÓN Civil FAP, se probaron tales dispositivos, modelo Agras T16 –para fumigación agrícola- en la desinfección de diversas sedes de la institución, como la Base Aérea Las Palmas en Lima.

Este es un caso donde un grupo de civiles amantes de la aviación se sumó al esfuerzo de la FAP, aportando todas sus capacidades tecnológicas, lo que se convierte en una experiencia que debe ser estimulada y fortalecida.

 

Desde el teatro amazónico

La Amazonía presenta un panorama estremecedor respecto a la creciente cantidad de personas afectadas por el COVID-19, y por las dificultades de transporte de ayuda.

La situación es especialmente delicada en Iquitos, donde aun cuando las otras instituciones militares mantienen presencia en la región, el peso de las operaciones aéreas es sobrellevado por el Grupo Aéreo No. 42.

Desde su base ubicada en el distrito de Moronacocha, a orillas del lago del mismo nombre, casi todos los días despegan las aeronaves a ruedas o pontones rumbo a donde sea necesario su concurso.

En sus inicios fue sede de la fuerza de hidroaviones, como los legendarios Consolidated PBY Catalina, pero hoy esta unidad se dota de los modernos sistemas DHC-6-300/400 Twin Otter y Pilatus PC-6 Turbo Porter.

Precisamente, ante la necesidad urgente de contar con tripulaciones aéreas habilitadas para apoyar este gran esfuerzo, en estos días se ha intensificado la formación de más pilotos, dando como resultado más misiones de vuelo.

El Grupo 42 realiza el transporte de medicinas y pruebas de descarte a localidades alejadas de la ciudad de Iquitos, como las ubicadas en inmediaciones de las fronteras con Brasil, Colombia y Ecuador.

También se dedica al recojo de muestras del isopado -toma de secreciones de la boca bajo condiciones especiales de bioseguridad- para posteriormente ser analizadas en institutos médicos en Lima.

 

Aeroambulancias en acción

En medio de esta crisis sanitaria de impacto mundial, otras aeronaves de la FAP se encargaron de mantener las actividades “cotidianas”, como la aeroevacuación de pacientes críticos por otras dolencias y accidentes.

Como se recuerda, el Servicio de Atención Móvil de Urgencia (Samu) del Minsa y la FAP realizan, desde mayo de 2018, traslados por vía aérea que superan el centenar de misiones, en apoyo a quienes requieren atención más especializada.

Por ejemplo, el pasado 23 de abril un Bombardier Learjet 45XR de la FAP evacuó de urgencia y bajo la cobertura del Seguro Integral de Salud (SIS), desde Jaén hacía Lima, a dos recién nacidas con diagnóstico de gastrosquisis.

De igual manera, otros ocho pacientes, entre recién nacidos y adultos, fueron evacuados por aire desde Iquitos, Huánuco, Pucallpa, y Cusco, a bordo de un Bombardier Learjet 36A en misiones de vida o muerte.

Y así, mientras los aviones de combate RSK MiG-29, Dassault Mirage 2000P, Sujoi Su-25 y Cessna A-37B aguardan su momento dentro de sus cobertizos de concreto, hoy los que han salido a plantear batalla son los cargueros y helicópteros. Un momento para no olvidar.

 

 

Aviación Naval en acción

A nivel de la Armada Peruana, una de sus unidades más activas es el Escuadrón Aeronaval No. 23, que también celebró un nuevo aniversario ejecutando una de las labores para las cuales fue concebido: ayuda humanitaria en caso de desastre.

Este escuadrón opera con sus tres helicópteros Agusta Bell AB-412SP, adquiridos en el 2015 de segunda mano en Holanda y que forman parte del componente aéreo del buque de aprovisionamiento logístico BAP Tacna.

Pero por ahora también realizan el aerotransporte o evacuación aérea de emergencia para aquellos pacientes afectados por el COVID-19, contribuyendo a salvarles la vida.

Los Fokker F60MPA del Escuadrón Aeronaval No.11 también están muy atareados en estos días, evacuando a personas con necesidad urgente de atención médica o llevando medicinas.

Lo más importante de estas misiones Fokker han sido los vuelos de apoyo llevando miles de mascarillas, guantes desechables y pruebas de descarte del virus a las zonas con mayor cantidad de casos.

Igualmente, son los Antonov An-32B del Escuadrón Aeronaval No. 32 los que frecuentemente conducen a las autoridades del Estado, como los Ministros de Salud y de Trabajo, llevando toneladas de material médico a la azotada ciudad de Tarapoto, en la región San Martín.

Afortunadamente, las capacidades de transporte táctico de la Comandancia de Aviación Naval (AVINAV) se han fortalecido con la reciente incorporación de un An-32 matriculado como AT-532, que oportunamente llegó al Perú en vuelo el 6 de abril vía Iquitos.

A la par, la AVINAV mantiene sus otras responsabilidades, incluyendo el patrullaje marítimo con sus aviones de exploración Bechcraft B-200T/CT Super King Air y Fokker F60MPA, para la detección de embarcaciones extranjeras que puedan estar realizando pesca ilegal en el Mar de Grau.

 

 

Con la Aviación del Ejército

El 18 de marzo, a pocos días del inicio del estado de emergencia, el ministro de Defensa, Walter Martos Ruiz, abordó un helicóptero Mil Mi-171 pintado de camuflaje pixelado verde militar para sobrevolar por segunda vez la ciudad de Lima y verificar el cumplimiento de la orden presidencial de quedarse en casa.

La aeronave, matrícula EP-678, perteneciente al Batallón de Asalto y Transporte 811 de la Aviación del Ejército, partió desde el Cuartel General del Ejército ubicado en el distrito de San Borja.

De esa manera, el arma aérea del Ejército Peruano iniciaba su participación en la guerra contra el COVID-19 que tantas víctimas está cobrando, no solo en la civilidad sino también entre las propias tropas.

Aviones como el Antonov An-32B y helicópteros como los Mi-17B y Mi-171Sh-P se han desplazado por las diversas regiones del país en labores de patrullaje para el control social desde el aire y transporte de personal e insumos.

Un ejemplo de estas misiones tuvo lugar el 17 de abril, cuando a bordo de un Hawker-Breechcraft 1900D, de matrícula EP-828, se dio el traslado de numerosas pruebas moleculares RT-PCR en tiempo real de COVID-19.

Los destinos de estos productos fueron diez laboratorios ubicados en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ayacucho, Amazonas, Ucayali y Madre de Dios, entre otras regiones.

Otro vector fundamental es el Antonov An-32B, que desde abril llevó varios lotes de mascarillas comunitarias a los gobiernos locales de la región Piura, para prevenir y reducir la propagación del COVID-19 en las zonas más vulnerables.

En adición a ello, el Ejército Peruano desplegó sus medios aéreos no convencionales, una tecnología que se viene desarrollando progresivamente en el ámbito militar.

Se trata de los ‘drones’, también conocidos como vehículos aéreos no tripulados (Unmanned Aerial Vehicle-UAV), equipados con una cámara térmica que les ha permitido tomar la temperatura corporal de las personas en un sector predeterminado, y definir si podrían estar o no contagiadas de coronavirus, en caso la fiebre pase los 38 grados.

Las primeras pruebas se hicieron en los alrededores del mercado Caquetá, en el distrito de San Martín de Porres, y estuvieron a cargo del Escuadrón de Reconocimiento Aeroterrestre No 21 (ERAT 21) de la 1ra. Brigada Multipropósito.

 

 

Policía del aire

Los helicópteros Eurocopter EC145, los An-32B y los Mi-17, parte de los recursos tecnológicos de la Aviación Policial, también se han estado incorporando al esfuerzo nacional por el estado de emergencia.

Los EC145 de la Policía Nacional del Perú (PNP) empezaron a dejarse ver en los cielos de Lima y Callao al caer la tarde y durante la noche de los primeros días del estado de emergencia.

Las aeronaves están dotadas de sistemas de altavoz, sirena y una cámara infrarroja de última generación, y permitieron a las máximas autoridades, tanto del Ministerio del Interior como de la propia PNP, sobrevolar la ciudad.

En uno de esos viajes, las autoridades del sector Interior llegaron a las regiones de Cusco y Puno a bordo del An-32B, y antes lo habían hecho a Piura, con un cargamento de pruebas y mascarillas de bioseguridad.

 

Una reflexión

La pandemia nos ha permitido observar el despliegue de las Fuerzas Armadas en diversos roles, principalmente vigilar la aplicación del estado de emergencia por el nuevo coronavirus o COVID-19.

En el caso de la aviación militar, también se ha puesto en marcha al componente aerotransportado para llevar auxilio a las diversas regiones que más lo necesitan.

La estrategia del Estado se mantiene en pie de lucha contra esta penosa enfermedad, lo que también significa mantener un ritmo de trabajo sobre las aeronaves que son el soporte logístico en estos tiempos de emergencia.

Sin embargo, se trata de sistemas que en tienen sus buenos años -y horas de vuelo- encima, lo que inmediatamente plantea la necesidad de evaluar su próximo reemplazo.

Una nueva adquisición debe ser fruto de un estudio inteligente -qué redundancia- que permita la homogenización de los diversos dispositivos hasta donde sea posible para permitir una mejor gestión en cuanto a repuestos, entrenamiento de las tripulaciones y otros factores.

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