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Velocidad y versatilidad para salvar vidas

Cuando un tsunami arrasó el pequeño poblado de San Juan Bautista en la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández, en Chile, la capacidad de reacción de la empresa Corpflite fue esencial para salvar las vidas de quienes habían quedado entre los escombros.

Por Santiago Rivas

 

En la madrugada del 27 de febrero de 2010 un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter estremeció al centro de Chile. Minutos después, un tsunami golpeó las costas del país y la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan Fernández. En la pequeña isla, de unos 600 habitantes, la demora en enviar el alerta de tsunami llevó a que la población no llegue a tiempo para evacuarse a las zonas altas, produciéndose diez muertos y seis desaparecidos, además de la destrucción de gran parte del pequeño poblado.

La isla está a más de 600 kilómetros de la costa de Chile, por lo que no era posible socorrer rápidamente a sus habitantes por medio de un buque. La única forma de enviar ayuda era por aire, pero la pequeña pista de mil metros de longitud y la distancia al continente hacen que solo unas pocas aeronaves puedan operar con seguridad. A esto se suma que en donde está ubicado el aeródromo, en la única parte plana de la isla, es común que haya fuertes vientos arrachados, mientras que ambos extremos de la pista tienen los acantilados muy cerca, complicando aún más la operación.

En ese entonces, la empresa Corpflite volaba a la isla con sus Dornier 228, unas de las pocas aeronaves que podía cargar combustible suficiente para ir y volver a la isla. Este aspecto es fundamental, ya que muchas veces al llegar a Robinson Crusoe es imposible aterrizar, debido a las condiciones meteorológicas, y el avión debe regresar al continente. Además, su capacidad STOL le permite operar de manera segura, mientras que es muy estable para hacerlo a pesar del viento. Su velocidad de crucero de 223 nudos, superior a la de todos los demás aviones que pueden operar a la isla, además permitía un vuelo más corto.

Corpflite es una empresa creada en el año 2007 en Chile, que comenzó a operar inicialmente un Dornier 228-200 alquilado a la empresa LASSA, el cual terminaron comprando poco después. Con el avión operaban desde la ciudad de Santiago hasta la pista de la mina Los Pelambres, ubicada a 4000 pies en plena cordillera de los Andes y rodeada de montañas de más de 12.000 pies.

Ayuda urgente

Apenas ocurrido el desastre en el archipiélago Juan Fernández, un habitante de la isla se contactó con uno de los pilotos de Corpflite, Ricardo Schäfer (quien lamentablemente falleciera en un accidente en septiembre de 2013), pidiendo ayuda urgente. Según hoy recuerda Germán Ribba, presidente de la empresa, “nos tocó asistir luego del terremoto a Juan Fernández y a la zona sur de Chile, no solo con Dornier, sino con otros aviones también”.

Ribba cuenta que “la planificación la hizo él entera. Él ya no está con nosotros, es un poco difícil de reconstituirla, él ya tenía todo el setting completo para volar a la isla, sabía toda una dinámica que él ya había generado, llevaba años volando a la isla, antes de que se comprara el avión”. Cuando se establece el contacto se decidió llevar en el Dornier a los equipos de rescatistas con perros, para buscar posibles sobrevivientes entre los escombros. Era una misión que debía realizarse lo antes posible, ya que cada minuto contaba para poder encontrar personas con vida y en la isla no había medios suficientes. Se necesitaba no solo un avión que pueda alcanzar la isla con seguridad, sino que pueda hacerlo rápido. Inmediatamente alistado el avión partieron el mismo día hasta Robinson Crusoe y fueron los primeros que llegaron con ayuda después del terremoto. “Eso indica la capacidad de acción, reacción, disposición, alerta y versatilidad que tiene tanto el avión como la empresa, eso es lo interesante, cómo hasta hoy toda la parte humana, con el compromiso de involucrarse en estas situaciones como es el caso del terremoto, de reacciones inmediatas y para eso el avión responde al cien por ciento”.

La velocidad del avión también les permitió llegar rápido, cubriendo las 400 millas en casi dos horas de vuelo, llevando a ocho rescatistas más los perros. “En Juan Fernández la pista es un portaaviones, tiene acantilados a ambos lados, tiene mil metros de largo, mucho viento arrachado, a veces se pone más cruzado, pero está muy orientado hacia el sur, más el efecto de los acantilados a ambos lados complica la operación. El avión es absolutamente apropiado para ese tipo de operación. Ingresas alto, lo picas hacia la pista sin ningún problema, es el avión ideal” explica Germán Ribba.

 

 

El aspecto del combustible es otro factor de mucho peso, ya que deben ir con combustible para ir y volver porque en la isla no hay combustible. “De hecho, el accidente del Casa 212 se produce por los vientos y porque ya iban sin combustible para volver. El punto de no retorno de ellos estaba mucho antes de la isla, nosotros podemos llegar a la isla y volver” explica Ribba, en referencia al accidente que el 2 de septiembre de 2011 cobró la vida de los 3 tripulantes y 18 pasajeros de un Casa 212-300 de la Fuerza Aérea de Chile cuando éste intentaba aterrizar en la isla.

“Mas allá del Dornier la operación a Juan Fernández requiere mucha planificación, conocimiento de la zona, de la meteorología y todos los aspectos que tendrían que cumplir con la regulación aeronáutica y con la seguridad de vuelo” explica Ribba, quien agrega que “es una operación exigente, la isla tiene las cuatro estaciones en un día. Así la operación de carga y pasajeros se ve restringida por la necesidad de llevar combustible”.

Durante las operaciones de asistencia luego del terremoto, Corpflite también prestó asistencia a otras localidades, como Constitución, a zonas que estaban devastadas en Arauco, “en zonas donde estaban los caminos cortados llegamos con los aviones, con médicos, a nosotros nos tocó repartir teléfonos satelitales que había donado Hillary Clinton, fue muy fuerte la operación. Fue un puente aéreo, unimos los lugares con más necesidades” recuerda Ribba.

 

 

Esta no es la única oportunidad en la que Corpflite prestó apoyo a la comunidad, también, cuando el 25 de marzo de 2015 ocurrió un aluvión en la ciudad de Copiapó, en el norte de Chile, que arrasó gran parte de la ciudad y causó al menos 25 muertes. Una empresa minera con la que trabajaba Corpflite los contactó para solicitarles la evacuación de heridos, principalmente con fracturas. Así, se despachó uno de los Dornier 228 que actualmente opera la empresa y realizó la evacuación de ocho heridos, algunos en camillas y otros sentados, llevándolos hasta Santiago, en donde pudieron ser atendidos.

 

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